El economista y exministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, trazó un diagnóstico crítico sobre la coyuntura económica argentina y definió el escenario actual como el de una economía de “dos velocidades”. Según su análisis, mientras los sectores extractivos y primarios muestran indicadores positivos, la industria, la construcción y el comercio —con fuerte presencia en los grandes centros urbanos— atraviesan una crisis profunda que impacta de lleno en el empleo formal.
“El crecimiento que muestran las estadísticas no está llegando a la mayoría de la población”, sostuvo Kulfas en su paso por el programa «Punto y Aparte» que se emite por Radio 90.7. Para el economista, el problema no es solo sectorial sino estructural: por primera vez en la historia estadística del país, 2025 cerró con crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) y, al mismo tiempo, con una caída neta del empleo formal.
Dos Argentinas en paralelo
El informe identifica una fragmentación geográfica y productiva cada vez más marcada. Por un lado, el bloque dinámico.
La agroindustria muestra buenos resultados, impulsada por una excelente cosecha de trigo y perspectivas de expansión sostenida. El sector energético, con epicentro en Vaca Muerta, registra niveles de inversión y actividad que Kulfas describe como comparables con los de potencias industriales: “Parece China”, grafica sobre el dinamismo del enclave petrolero. A esto se suma la minería, con expectativas de fuerte ingreso de capitales en litio y cobre ante la creciente demanda internacional.
En contraste, la otra velocidad corresponde a los sectores urbanos intensivos en empleo. La industria manufacturera acumula una caída de entre 9% y 10% respecto del bienio 2022-2023, con desplomes que en algunos rubros alcanzan el 30%. La construcción se vio particularmente golpeada por la eliminación casi total de la obra pública nacional. El comercio, en tanto, sufre la retracción del consumo en las grandes ciudades.
La paradoja del empleo
El dato más preocupante del diagnóstico es la ruptura de la correlación histórica entre crecimiento y trabajo formal. Durante 2025 se perdieron unos 200.000 puestos de trabajo registrados, de los cuales 67.000 correspondieron a la construcción y 60.000 al sector industrial.
Para Kulfas, este fenómeno marca un hito negativo: “Nunca había ocurrido que la economía creciera y, al mismo tiempo, cayera el empleo formal”. El crecimiento en minería y energía no alcanza a compensar la destrucción de puestos en los sectores tradicionales. Incluso dentro de la propia actividad extractiva se observan desajustes: el empleo generado en Vaca Muerta no compensa el cierre de pozos convencionales en provincias como Santa Cruz, ni la minería metalífera logra absorber la mano de obra desplazada de actividades ligadas a la construcción.
El modelo macro bajo la lupa
El economista atribuye esta dinámica a un esquema macroeconómico centrado casi exclusivamente en la baja de la inflación. A su entender, el Gobierno sostiene un “dólar barato” mediante intervención y financiamiento externo —incluidos organismos como el Fondo Monetario Internacional— junto con restricciones cambiarias que afectan a distintos sectores.
A esto se suma una apertura comercial acelerada, con reducción de aranceles y eliminación de medidas antidumping, que deja a las PyMEs en desventaja frente a competidores globales como China. Kulfas utiliza una metáfora futbolera para describir el escenario: “Es como hacer jugar a Talleres o Unión contra el Barcelona, pero con menos jugadores y un árbitro parcial”. En ese esquema, sostiene, la industria local “no tiene posibilidad de éxito”.
La excepción argentina frente a China
En el plano internacional, Kulfas considera que Argentina adopta una postura atípica. Mientras líderes de derecha como Donald Trump o Giorgia Meloni aplican políticas para resguardar su producción frente al avance industrial chino, el Gobierno argentino —según su visión— celebra el cierre de fábricas bajo el argumento de la ineficiencia empresarial.
“No se trata de cerrar la economía”, aclara. La propuesta, en cambio, apunta a aplicar “medidas compensatorias” y administrar el tipo de cambio de manera consistente con la realidad productiva, evitando sobreprecios al consumidor pero preservando el empleo.
Un problema urbano
El trasfondo del análisis es demográfico y social. Argentina es un país 90% urbano, y los sectores hoy en expansión tienen un bajo impacto relativo en la generación de empleo masivo. Sin una estrategia que contemple la realidad productiva de los grandes conglomerados —como el Gran Buenos Aires, Rosario o Córdoba— el crecimiento macroeconómico difícilmente se traduzca en mejoras generalizadas.
Para Kulfas, el mayor obstáculo no es solo económico sino político: “Mientras no se reconozca la crisis industrial, no habrá políticas para atenderla”. En su visión, la negación oficial del problema impide diseñar herramientas que sostengan el tejido productivo y social de las ciudades, donde se concentra la mayor parte de la población y del empleo argentino.





































