
La frase de Donald Trump de que “toda una civilización morirá esta noche” si no se llega a un acuerdo no es el tipo de palabras que uno esperaría escuchar del presidente de Estados Unidos, ni del líder de ningún país que pretenda regirse por las normas internacionales habituales.
No se trata de meras palabras: provienen del presidente de Estados Unidos.
Trump cuenta con diversas opciones y, francamente, ninguna de ellas resulta atractiva.
Nos encontramos ante una situación en la que el presidente ha chocado con los límites de su propio poder. Estas tácticas de amenaza y fanfarronería han surtido efecto de distintas maneras en el pasado.
Sin embargo, en esta ocasión se enfrenta a un régimen al que no parece inquietarle demasiado la posibilidad de morir y al que, ciertamente, no le preocupa en absoluto que fallezca su propia población.
Además, están convencidos de que su capacidad para soportar el sufrimiento es superior a la de Estados Unidos y de que, en esencia, han puesto a los estadounidenses en retirada, aun cuando ello les suponga un costo.
Los informes sobre el plan de paz presentado por Estados Unidos sugieren que este consiste, fundamentalmente, en una lista exhaustiva de todas las exigencias que tanto Israel como EE.UU. han planteado a la República Islámica a lo largo de muchos años.
Irán ha declarado que exige un alto el fuego permanente como condición previa para suscribir cualquier tipo de acuerdo, y reclama asimismo que se reconozcan sus posiciones.
En este momento, las posturas de ambas partes distan mucho de coincidir.
































