Hay ciudades que reciben a la Fórmula 1. Mónaco, en cambio, se convierte en ella…
Por estos días, el Principado vive una transformación tan fascinante como difícil de explicar. Durante buena parte del año es el paraíso del lujo, de los relojes imposibles, los autos exóticos estacionados como si fueran comunes y las vistas de postal sobre el Mediterráneo. Pero durante una semana cambia de piel. La ciudad glamorosa se vuelve fierrera.
Y lo más curioso es que, hasta este miércoles, todavía convivían los dos mundos. Se podía caminar por la recta principal del circuito mientras operarios ajustaban los últimos detalles de las defensas y las tribunas. Se podía recorrer el puerto y encontrarse con los boxes prácticamente mezclados con los gigantescos yates amarrados a pocos metros. Se podía cruzar una calle y ver a trabajadores terminando de montar estructuras para la carrera, y a la siguiente encontrarse con grupos de turistas sacando fotos como si nada estuviera ocurriendo.
Porque Mónaco nunca deja de ser Mónaco.
A pocas cuadras del paddock, subiendo la cuesta, los visitantes continúan recorriendo el Palacio del Príncipe, residencia oficial de Alberto II. Una parte del edificio permanece abierta al público y funciona como museo, permitiendo conocer la historia de la familia Grimaldi mientras, apenas unos metros más abajo, se prepara uno de los eventos deportivos más importantes del planeta.
Muy cerca de allí está también uno de los miradores más espectaculares de Europa. Desde ese punto elevado se obtiene una imagen que parece diseñada por inteligencia artificial: el trazado serpenteando entre edificios, el azul intenso del mar, las montañas de fondo y decenas de yates gigantes ocupando el puerto. Muchos de ellos estuvieron hace apenas unos días en Cannes, durante el famoso festival de cine. Ahora, empujados por el viento, el calendario y el glamour, se mudaron unos kilómetros hacia el este para formar parte del otro gran espectáculo de la Riviera Francesa.
La experiencia de recorrer el circuito a pie es única. Se puede atravesar sectores legendarios que el domingo verán pasar a los autos a más de 280 km/h ( no tan rápido por la FIA redujo la velocidad sacando el alerón móvil y restringiendo la potencia de los motores). También ingresar al túnel más famoso de la Fórmula 1, caminando por detrás de la alambrada de seguridad, observando cómo la luz del Mediterráneo desaparece de golpe para dar paso a la oscuridad artificial que durante décadas desafió a generaciones de pilotos.
Y, por supuesto, se puede pasar por la horquilla del Grand Hotel, la curva más lenta del calendario. Allí donde los Fórmula 1 reducen su velocidad hasta rondar apenas los 50 km/h para completar un giro imposible entre guardarraíles, veredas y edificios.
Todo eso todavía era posible este miércoles.
Porque a partir del jueves el escenario cambia por completo. Las categorías teloneras comenzarán sus entrenamientos y el circuito quedará definitivamente cerrado. Las calles dejarán de pertenecer a los peatones para entregarse a los motores. Los turistas tendrán que aprender nuevos caminos y los habitantes del Principado volverán a convivir con cortes, controles y restricciones.
Sin embargo, hay una particularidad que hace de Mónaco un lugar distinto a cualquier otro circuito del mundo. Cuando termina la actividad y cae la noche, la ciudad recupera parte de su normalidad. Incluso es posible caminar por algunos sectores de la pista, utilizar la recta principal como camino peatonal y llegar cómodamente hasta la estación de tren para regresar a Francia o incluso seguir viaje hacia Italia.
Y desde ambos lados de la frontera llega gente. Miles de personas. Algunos para disfrutar del lujo. Otros para ver de cerca a los mejores pilotos del planeta. Y muchos, este año, con un motivo extra: seguir las huellas de Franco Colapinto, uno de los vecinos del Principado de 38.000 habitantes de 2 km cuadrados, protagonista en la carrera más famosa del mundo.
Porque Mónaco todavía es una ciudad. Pero durante unos días se convierte en algo mucho más grande: una postal viviente donde conviven el automovilismo, el mar, la historia, el dinero y la velocidad. Un lugar donde el glamour y la adrenalina comparten exactamente las mismas calles.
Los preparativos de este miércoles de cara a la carrera del fin de semana (@ACM_Media/).
Los días y horarios del GP de Mónaco de la Fórmula 1
Viernes 5 de junio
Práctica libre 1: 8.30
Práctica libre 2: 12
Sábado 6 de junio
Práctica libre 3: 7.30
Clasificación: 11
Domingo 7 de junio
Carrera: 10
¿Por dónde se podrá ver el GP de Canadá de la Fórmula 1?
Toda la actividad del fin de semana se podrá ver en vivo a través de Fox Sports y Disney+ Premium. Y por supuesto, también el minuto a minuto de las sesiones, en Olé.
Así es el circuito del GP de Mónaco
El histórico circuito de Mónaco, que albergó su primer GP de Fórmula 1 en el año 1950, cuenta con una longitud total de 3,337 kilómetros. Durante la competencia, los pilotos deberán completar un total de 78 vueltas para cubrir una distancia total de 260,286 kilómetros. El récord de vuelta en la carrera del domingo está establecido en un tiempo de 1m12s909 por Lewis Hamilton en 2021 cuando competía para Mercedes.

Mirá también
Franco Colapinto y su ilusión por el GP de Mónaco: “Es una de las mejores carreras del año”

Mirá también
McLaren se vestirá de gala en Mónacocon un diseño especial por sus 1.000 GP en la Fórmula 1

Mirá también
























