Desafíos de la reactivación económica: la lucha entre demanda interna y desinflación

 

En un análisis reciente, Domingo Cavallo, exministro de Economía de Argentina, examinó los factores que han llevado a una caída de la inflación en el país entre diciembre de 2023 y mayo de 2024. Según Cavallo, esta disminución se debe principalmente a dos elementos: el impacto recesivo del ajuste fiscal y el limitado ajuste cambiario tras la devaluación de diciembre.

Cavallo destaca que, hasta mayo, la política monetaria fue pasiva, acompañando el proceso de desinflación impulsado por el ajuste fiscal y el manejo cambiario. Sin embargo, a partir de junio, esta política se tornó expansiva, lo que permitió que la recesión tocara fondo en el segundo trimestre y que comenzara la reactivación de la economía en el tercero. A pesar de esto, el proceso de desinflación se ha estancado, generando un conflicto entre la necesidad de seguir reduciendo la inflación y la urgencia de revitalizar la demanda interna y la producción.

El conflicto de políticas

El gobierno intenta manejar esta tensión paralizando los reajustes de precios relativos que aún están pendientes y revertiendo aquellos que impactan directamente en los ingresos de las familias. Sin embargo, Cavallo advierte que esta estrategia carece de sostenibilidad a largo plazo. La solución, según él, sería lograr una drástica disminución de las expectativas de devaluación, lo cual resulta improbable bajo el actual cepo cambiario y sin un plan de estabilización que contemple un régimen monetario y cambiario libre.

Cavallo también critica la noción del gobierno de que la inflación está determinada exclusivamente por la emisión monetaria, destacando que desde la formalización de la teoría cuantitativa del dinero por Milton Friedman, ha habido un debate constante sobre los agregados monetarios relevantes para explicar la inflación.

La Base Monetaria y sus implicancias

El exministro revela que la Base Monetaria aumentó de 10 mil millones de pesos a 23 mil millones entre enero y septiembre de 2025, a pesar de que no se registró déficit fiscal. Este incremento se debe a los pagos de intereses por pasivos remunerados del Banco Central, que han sido utilizados para esterilizar la emisión monetaria que resultó de déficits fiscales previos. Cavallo señala que, a medida que los bancos se desprendan de las nuevas Letras del Tesoro, la Base Monetaria podría aumentar de manera significativa.

Sin embargo, desde junio se ha frenado el proceso de desinflación. Los datos de inflación indican que, mientras que se esperaba que la tasa de inflación convergiera al 2% mensual con un ajuste del tipo de cambio oficial, la realidad ha sido un estancamiento en torno al 4%. El gobierno había proyectado que la inflación debería disminuir, pero esta discrepancia entre las proyecciones oficiales y las expectativas del mercado pone de manifiesto un desacuerdo fundamental en la comprensión de las dinámicas inflacionarias.

Un futuro incierto

Cavallo advierte que la reactivación de la economía, impulsada por el aumento de salarios reales y la expansión del crédito al sector privado, ha dejado de impulsar la desinflación. A su juicio, esta dinámica podría dificultar la convergencia de la inflación a niveles deseados.

Las proyecciones para el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) son más optimistas, estimando un crecimiento del 5% en 2025, impulsado principalmente por los sectores industrial y comercial. Sin embargo, Cavallo señala que la clave para lograr estos objetivos radica en la implementación de un plan de estabilización que combine libertad y unidad cambiaria.

El contexto actual revela la complejidad del panorama económico argentino, donde la reactivación de la demanda y la lucha contra la inflación parecen estar en un delicado equilibrio. La necesidad de un enfoque claro y sostenible en políticas monetarias y cambiarias es más urgente que nunca, ya que el país busca salir de un ciclo de inestabilidad que ha marcado su historia reciente.