Por José Busaniche. El 2024 fue lapidario para la construcción en general, pero puntualmente para la obra pública. Las empresas vinculadas al sector escucharon con preocupación la decisión del presidente Javier Milei de congelar presupuestos y nuevos proyectos en esa materia. Y luego vieron como la amenaza se concretaba y las partidas dejaron de movilizarse.
Así, la mayoría de las empresas redujeron su actividad a la mitad o más, y en más de una ocasión ingresaron en una compleja realidad financiera y económica. La búsqueda de la sostenibilidad y la supervivencia se volvió la nueva realidad.
El nuevo escenario no sólo golpeó a las empresas dedicadas a la gestión y desarrollo de las obras, sino también a todo el entramado de proveedoras de insumos y materiales, muchas de ellas pyme.
En ese contexto, es que la cordobesa Blangino -con histórica sede en Monte Cristo- activó un plan de internacionalización de sus procesos productivos y de sus destinos comerciales para poder seguir trabajando. Sucede que el cimbronazo de la obra pública pegó en la línea de flotación de la empresa que fundara Juan Blangino. Se estima que cerca del 70% de la facturación estaba vinculada directa o indirectamente con el sector público. Y era necesario buscar nuevos proyectos y más destinos.
“El 2024 fue muy complicado, con meses cayendo al 70% en relación al 2023. Nuestra empresa tiene productos específicos pensados para la obra pública, con lo cual nos vimos en grandes problemas y una vez consolidado este nuevo régimen que deja afuera la obra pública nos obliga a reconvertirnos como empresa y a nuestros productos. En ese sentido vamos a largar una nueva unidad comercial con productos pensados para el desarrollismo y la arquitectura, que entendemos que mediante al blanqueo puede volcarse a invertir, pero aún tomando una porción en ese nuevo segmento estamos lejos de lograr que compense la gran caída que supuso la obra pública”, explica Gustavo Gómez, gerente General de Blangino
Es así que tomó a su cargo la premisa de comenzar a pensar en un nuevo destino para fabricar de forma más competitiva y comenzar a trazar el camino de la internacionalización de Blangino. La empresa tiene una dilatada trayectoria en términos de exportación, pero ahora el desafío era montar una nueva planta productiva en otro país.
El propio Gómez, a cargo de la maduración del mercado chileno, tomó como propio el proyecto para que Blangino instale una fábrica de mosaicos en Santiago de Chile y desde ahí abastecer a ese mercado doméstico y pensar en nuevos pasos.
Hacia Chile. “Tenemos todo un parque de maquinaria nueva, nos había llegado una pulidora nueva, y nos quedamos sin mercado. En paralelo, tenemos muchos mercados externos abiertos y ante el gran aumento de los costos en dólares, además de perderse la obra pública en el mercado argentino peligraban los mercados externos abiertos. A fin de año pasado, por ejemplo, por la inflación en dólares y aumentos de más del 50% perdimos una obra grande en Santiago de Chile. Entonces se plantié la idea de montar una línea de producción en Santiago de Chile, un mercado muy interesante. Chile tiene menos de la mitad de personas que Argentina, unos 20 millones, y el mercado de mosaicos y baldosas es de un 70% respecto del mercado argentino, es decir, es un mercado muy grande en términos de cantidad de m2 de mosaicos por habitante”, detalla.
En su consideración, el de Chile un mercado muy maduro con una sola empresa concentrando el 85%. Ahí se propuso montar una línea industrial persiguiendo 3 objetivos:
-Atender un mercado maduro, para el que son especialistas.
-Mantener los mercados abiertos y ser competitivos en precio. No solo porque producir hoy en Chile es más económico, sino porque fabricarían al lado del puerto.
-Desarrollar productos específicos para la demanda concentrada de Chile y de otros países. Blangino es referente mundial en productos que pueden instalarse en hospitales, colegios, centros de salud, centros comerciales, paseos, entes gubernamentales. El tercer punto es montar una fábrica modelo que nos permita estandarizar el modelo productivo y que nos permita vender mosaicos en el mundo. La idea nuestra es montar la planta, modelizarla y vender la posibilidad de instalarla “llave en mano”, en otras partes del mundo.
El proyecto. La inversión para la nueva etapa y esta nueva fábrica de Blangino en Chile es de unos US$20 millones y demandará cerca de 1 año y medio.
“La planta que tengo pensada allá va a alcanzar los 600.000 m2 que nos permitiría tomar hasta el 30% del mercado inicialmente con la posibilidad de ampliarla al doble, es decir unos 1.2 millones al año y captar hasta 60% de ese mercado. En paralelo queremos mantener los mercados externos abiertos desde Argentina y crecer en esos mercados, fabricando más barato en dólares (hoy es más barato fabricar en Chile)”, dice Gómez.
Y concluye: “la estandarización de la línea de producción de baldosas Blangino, apuntará a posicionarnos como el mayor know how del mundo. Si ese proceso lo logramos estandarizar en Chile, podemos salir a vender fabricas de mosaicos en el mundo”, grafica.