
Anthony Zurcher, corresponsal para Norteamérica de BBC News
Durante su rueda de prensa, un periodista preguntó a Donald Trump sobre lo que, con cierta benevolencia, podría describirse como el historial irregular de Estados Unidos en lo que respecta a provocar y gestionar las consecuencias del cambio de régimen en otros países.
Trump dio una respuesta sencilla. Su administración, afirmó, tiene un “historial impecable de victorias”. Sin embargo, la realidad podría ser más compleja.
La economía venezolana está en ruinas. Su infraestructura industrial es obsoleta y está en decadencia. Su estabilidad política se ha visto socavada por décadas de un gobierno cada vez más autoritario.
Trump prometió que Estados Unidos hará lo necesario para “hacer que Venezuela vuelva a ser grande”. Prometió “reconstruir toda su infraestructura”. Pero eso requerirá un considerable tiempo y esfuerzo por parte de Estados Unidos, incluyendo, según Trump, la posibilidad de la presencia de personal militar estadounidense en Venezuela.
Se trata de un giro radical para un hombre que, en el pasado, había criticado las intervenciones estadounidenses para el cambio de régimen y la reconstrucción nacional en otras partes del mundo.
Hace poco más de dos décadas, los líderes estadounidenses hicieron promesas similares sobre la facilidad —y los posibles beneficios— del cambio de régimen impulsado por Estados Unidos en Irak. Si bien cada guerra y cada nación son diferentes, a menos de un año de su segundo mandato, Trump se enfrenta a una tarea monumental y arriesga su presidencia en su éxito.





























