
El Partido Demócrata ganó la mayoría del Senado y de la Cámara de Representantes, además de que obtuvo gobernaciones que eran, en algunos casos, bastiones del Partido Republicano.
Para tomar el control del Senado, el objetivo más difícil de conseguir, los candidatos demócratas debían dar vuelta la voluntad de sus estados, algo que sucedió en Carolina del Norte, Carolina del Sur, Iowa, Kansas, Maine, Ohio y Texas.

























