{"id":6770,"date":"2021-05-19T15:05:52","date_gmt":"2021-05-19T15:05:52","guid":{"rendered":"https:\/\/notepeines.com.ar\/?p=2410"},"modified":"2021-05-19T15:05:52","modified_gmt":"2021-05-19T15:05:52","slug":"21-peliculas-para-el-siglo-xxi","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/cordobadirecto.com\/index.php\/2021\/05\/19\/21-peliculas-para-el-siglo-xxi\/","title":{"rendered":"21 pel\u00edculas para el Siglo XXI"},"content":{"rendered":"<p>Para Ver<\/p>\n<p>21 pel\u00edculas para el Siglo XXI<\/p>\n<p><em>Esta no es una lista de \u201cmejores\u201d pel\u00edculas, sino una selecci\u00f3n de algunas que el antologista propone como muestrario de una salida posible entre el siglo que no termina de morir y el que no acaba de nacer: la de un cine que a\u00fan pueda seguir aunando tradici\u00f3n y modernidad, sin bailar o vagar entre sus ruinas<\/em><\/p>\n<p><strong><em>La Commune<\/em>.<em>&nbsp;Paris, 1871<\/em>&nbsp;(Peter Watkins, 2000)&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p>Watkins cierra y abre el siglo con una pel\u00edcula monumental que sin embargo desmonta tanto los vicios del cine espect\u00e1culo como la sospecha del cine moderno sobre la imposible representaci\u00f3n del pasado.&nbsp;<em>La Commune<\/em><em>&nbsp;no es solo una pel\u00edcula sobre la comuna de Par\u00eds: es tambi\u00e9n la reivindicaci\u00f3n de un cine que puede trabajar sobre la tradici\u00f3n sin dejar de cuestionarla (la gran lecci\u00f3n brechtiana que a\u00fan sostiene el proyecto inconcluso de la modernidad cinematogr\u00e1fica).<\/em><\/p>\n<p><strong><em>La ci\u00e9naga<\/em>&nbsp;(Lucrecia Martel, 2001)<\/strong><\/p>\n<p>La primera pel\u00edcula de Lucrecia Martel (la hija inesperada de Nilsson y Favio) sigue siendo la cumbre de eso que se dio en llamar Nuevo Cine Argentino, aunque su cine (tan central como lateral a los c\u00e1nones) es, tambi\u00e9n en ese sentido, el retrato de una implosi\u00f3n. Una pel\u00edcula en la que nada parece suceder y a la vez todo est\u00e1 por estallar, como lo hizo la Argentina al final de ese a\u00f1o. Un film que muchos otros parecieron querer imitar cansinamente, abriendo puertas y ventanas, sin entender que su potencia est\u00e1 amasada con barro y terror.<\/p>\n<p><strong><em>Land of the Dead<\/em>&nbsp;(George A. Romero, 2005)<\/strong><\/p>\n<p>M\u00e1s que el inicio de la \u00faltima trilog\u00eda de los \u201cmuertos vivos\u201d (solo justificada por el plano final de&nbsp;<em>Survival of the Dead<\/em>) esta pel\u00edcula de Romero podr\u00eda ser vista como la despedida en toda forma de esa relectura de izquierda que, junto con el Carpenter de&nbsp;<em>They Live<\/em>, hizo de un g\u00e9nero que siempre estuvo m\u00e1s cerca de ser una expresi\u00f3n conservadora del \u201cmalestar en la cultura\u201d.&nbsp;<em>Land of the Dead<\/em>&nbsp;expresa con m\u00e1s furia y desencanto que nunca el giro a la derecha que anunciaban las&nbsp;<em>night<\/em>&nbsp;y&nbsp;<em>dawn<\/em>&nbsp;anteriores. La \u201ctierra de los muertos\u201d se ha vuelto global.<\/p>\n<p><strong><em>A History of Violence<\/em>&nbsp;(David Cronenberg, 2005)<\/strong><\/p>\n<p>Cronenberg inici\u00f3 una suerte de per\u00edodo cl\u00e1sico con esta pel\u00edcula que parece lejos de las fantasias biopol\u00edticas de \u201cThe&nbsp;<em>New Flesh\u201d y sin embargo es su culminaci\u00f3n, su vuelta al origen. La traducci\u00f3n castellana no respet\u00f3 la ambivalencia del original, esa \u201chistoria de violencia\u201d \u2013no solo (norte)americana\u2013 que solo un canadiense puede filmar con esa cercan\u00eda y extra\u00f1eza. Western, film noir, drama familiar, y fanfarria f\u00fanebre para el&nbsp;<\/em><em>last action hero<\/em><em>&nbsp;antes de la resu-reacci\u00f3n de Marvel,&nbsp;<\/em><em>A History of Violence&nbsp;<\/em>es la \u00faltima f\u00e1bula culpable de (y sobre) el sue\u00f1o americano<em>.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>The Wild Blue Yonder<\/em>&nbsp;(Werner Herzog, 2005)<\/strong><\/p>\n<p>En medio de un cine que juega a una hibridez no siempre honesta, para inyectarle a la ficci\u00f3n veracidad documental, Herzog construye con im\u00e1genes documentales un film de ciencia ficci\u00f3n. Como si quisiera acabar a la vez con la burocracia de National Geographic y Hollywood (o anticipara la uni\u00f3n de ambos v\u00eda Netflix),&nbsp;<em>The Wild Blue Yonder<\/em>&nbsp;es un manifiesto sobre el poder inconquistable de las im\u00e1genes para el territorio del deseo, los sue\u00f1os y la esperanza.<\/p>\n<p><strong><em>Santiago<\/em>&nbsp;(Jo\u00e3o Moreira&nbsp;<em>Salles,<\/em>&nbsp;2006)<\/strong><\/p>\n<p>Si le quitamos la p\u00e1tina nost\u00e1lgica con la que Moreira Salles pretende te\u00f1ir la historia (y la Historia, como en&nbsp;<em>No intenso agora<\/em>) para consolar su culpa de clase,&nbsp;<em>Santiago<\/em>&nbsp;es la mejor lecci\u00f3n de cine que el documental puede darle a la ficci\u00f3n: no solo en cuanto a la libertad para amalgamar materiales diversos (homenaje al Hollywood cl\u00e1sico incluido), sino por construirse alrededor del \u00fanico verdadero problema del cine (adem\u00e1s de \u201cdonde empezar un plano y donde terminarlo\u201d, seg\u00fan Godard): c\u00f3mo acercarse al otro, como representarlo, sin creer abolida esa inexcusable distancia.<\/p>\n<p><strong><em>24 City<\/em>&nbsp;\/&nbsp;<em>Er shi<\/em>,&nbsp;<em>si cheng ji<\/em>&nbsp;(<em>Jia Zhangke,<\/em>2008)<\/strong><\/p>\n<p>El cineasta chino m\u00e1s cr\u00edtico de su Estado y m\u00e1s reconocido en Occidente (tal vez ambas cosas no sean casuales) construy\u00f3 desde&nbsp;<em>Platform<\/em>&nbsp;una de las obras m\u00e1s consistentes del cine contempor\u00e1neo, a la vez que una mirada quir\u00fargica sobre su parad\u00f3jico pa\u00eds (tal vez ambas cosas no sean casuales), aunque la impiedad de los inicios parece haber mutado \u00faltimamente a una distancia ir\u00f3nica. Tal vez la bisagra entre ambos per\u00edodos est\u00e9 dado por su \u00fanico (extra\u00f1ado) documental, que es menos una muestra m\u00e1s de como tradici\u00f3n y modernidad parecen caer bajo el peso de la&nbsp;<em>realpolitik<\/em>capitalista que un homenaje a los an\u00f3nimos constructores de esa transici\u00f3n.<\/p>\n<p><strong><em>Vincere<\/em>&nbsp;(Marco Bellocchio, 2009)<\/strong><\/p>\n<p>Bellocchio es el \u00faltimo sobreviviente de \u201cil grande cinema italiano\u201d, y cada tanto nos recuerda el abismo entre pasado y presente sacando de la galera una obra maestra como&nbsp;<em>Vincere<\/em>, donde logra reconciliar a Bertolucci con Pasolini para narrar el fascismo como opera, melodrama y tragedia (del amor del oprimido por el opresor) que a\u00fan habla del tiempo presente. Excurso: si el cine argentino hubiera sido m\u00e1s fiel a esa tradici\u00f3n italiana de b\u00fasqueda constante, hubiera encontrado m\u00e1s respuestas que en el aspiracionismo franc\u00e9s o la mera imitaci\u00f3n de g\u00e9neros congelados.<\/p>\n<p><strong><em>It Felt Like a Kiss<\/em>&nbsp;(Adam Curtis, 2009)<\/strong><\/p>\n<p>Desde hace un par de d\u00e9cadas (de&nbsp;<em>The Century of Self<\/em>&nbsp;a&nbsp;<em>HiperNormalisation<\/em>) Adam Curtis viene haciendo para la BBC una serie de documentales en la larga tradici\u00f3n del marxismo brit\u00e1nico, de Raymond Williams a Mark Fischer. El m\u00e1s cinematogr\u00e1fico de todos es este juego de montajes donde Doris Day se encuentra con Godard. La m\u00e1s feliz de las pel\u00edculas oscuras, una arqueolog\u00eda visual desatada para una irreverente genealog\u00eda del poder.<\/p>\n<p><strong><em>This is not a Film \/<\/em>&nbsp;\u0627\u06cc\u0646&nbsp;\u0641\u06cc\u0644\u0645&nbsp;\u0646\u06cc\u0633\u062a&nbsp;(Jafar Panahi, 2011)<\/strong><\/p>\n<p>Parad\u00f3jicamente, a veces encontramos m\u00e1s libertad en obras hechas bajo dictaduras, acaso porque tienen que reinventarla todo el tiempo, como literal cuesti\u00f3n de vida o muerte. El cine iran\u00ed ya ha hecho de esto una tradici\u00f3n, que rara vez osa decir su nombre. Pero al verse literalmente encerrado, Panahi convierte ya desde su t\u00edtulo la iron\u00eda art\u00edstica en defensa propia.&nbsp;<em>This Is Not a Film<\/em>&nbsp;demuestra que para hacer cine hace falta algo m\u00e1s que una camarita, y que la libertad no se enuncia: se filma o no.&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>The Look of Silence<\/em>&nbsp;(Joshua Oppenheimer, 2014)<\/strong><\/p>\n<p>Esta pel\u00edcula \u201cde c\u00e1mara\u201d es algo m\u00e1s que el lado B de&nbsp;<em>The Act of Killing<\/em>, y el retrato de las v\u00edctimas es m\u00e1s sobrecogedor que el de los victimarios, sobre todo cuando parecen pedir perd\u00f3n por vivir en un mundo al rev\u00e9s que no est\u00e1 tan lejos del nuestro como quisi\u00e9ramos pensar, y no solo porque nuestros dictadores fueron juzgados: los asesinos est\u00e1n entre nosotros, y&nbsp;<em>The Look of Silence<\/em>&nbsp;(que podr\u00eda verse en programa doble con&nbsp;<em>Fog of War<\/em>, de Errol Morris) comprueba que siempre esperan ser reivindicados, por la Historia o las almas bellas que siempre quieren dormir con las puertas abiertas.<\/p>\n<p><strong><em>Homeland: Iraq Year Zero<\/em>&nbsp;(Abbas Fahdel, 2015)<\/strong><\/p>\n<p>A veces el cine contempor\u00e1neo, para diferenciarse del exigido tempo videoclipero, nos impone duraciones que solo parecen tolerarse en pel\u00edculas como&nbsp;<em>Shoah<\/em>. Pel\u00edculas inmersivas que no tratan de compartir una experiencia imposible sino de hacernos habitar un estado de excepci\u00f3n.&nbsp;<em>Iraq Year Zero&nbsp;<\/em>se toma su tiempo porque (como suced\u00eda desde el otro lado en&nbsp;<em>Vals con Bashir<\/em>) necesita hacernos sentir el peso de la realidad. Todo el film est\u00e1 construido para llegar a una escena, pero solo al haberlo atravesado podemos hacerla nuestra e inolvidable.<\/p>\n<figure class=\"wp-block-image\"><img src=\"http:\/\/cordobadirecto.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/21-peliculas-para-el-siglo-xxi.jpg\" alt class=\"wp-image-28503\"><\/figure>\n<p><strong><em>The Big Short<\/em>&nbsp;(Adam McKay, 2015)<\/strong><\/p>\n<p>Esta pel\u00edcula sobre la crisis global desatada en 2008 a ra\u00edz de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, logra filmar el capitalismo financiero sin convertirlo en un esperpento cocain\u00f3mano a lo&nbsp;<em>The Wolf of Wall Street<\/em>. Adam McKay sabe que estos reyes de la comedia jodieron a suficiente gente como para tom\u00e1rselos en serio, y dejando de lado sus previas pel\u00edculas con Will Ferrel encuentra aqu\u00ed, ayudado por un esp\u00edritu brechtiano, el equilibrio justo entre comedia y tragedia (algo que repetir\u00e1 luego en la tambi\u00e9n notable&nbsp;<em>Vice<\/em>).<\/p>\n<p><strong><em>Como<\/em>&nbsp;<em>me da la gana II<\/em>&nbsp;(Ignacio Ag\u00fcero, 2016)<\/strong><\/p>\n<p>Las pel\u00edculas de Ag\u00fcero siempre son otra cosa de lo que parecen amablemente en la superficie, y ese gesto heredado de tiempos de dictadura sirve para desenmascarar modos menos generosos o conscientes de hacer cine. Pero&nbsp;<em>Como<\/em>&nbsp;<em>me da la gana II<\/em><em>&nbsp;no es una segunda parte sino una continuaci\u00f3n: la muestra de que lo que ayer no se pod\u00eda decir hoy ya no se sabe decir.&nbsp;<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Dawson City: Frozen Time<\/em>&nbsp;(Bill Morrison, 2016)<\/strong><\/p>\n<p>El tiempo congelado es tambi\u00e9n, m\u00e1s all\u00e1 una ciudad helada y un volquete de pel\u00edculas bajo una pista de hielo, el de las fotos mismas que enhebran todo el film, y que solo se quiebra hacia el final cuando entran los testimonios m\u00e1s convencionales sobre su rescate. Hasta ese momento,&nbsp;<em>Dawson City: Frozen Time&nbsp;<\/em>se construye coralmente con los retratos olvidados de una comunidad en la que las pel\u00edculas funcionaban como escape de la vida salvaje y ahora vuelven como fantasmas, tan vivos como todos los otros muertos m\u00e1s o menos an\u00f3nimos que la pel\u00edcula convoca. Un tren de sombras que nos recuerda que el cine no es m\u00e1s grande que la vida, sino un modo m\u00e1s de atravesarla buscando dejar alguna huella.<\/p>\n<p><strong><em>Hell&nbsp;or&nbsp;High Water<\/em>&nbsp;(David Mackenzie, 2016)<\/strong><\/p>\n<p>En la vieja tradici\u00f3n de los extranjeros en Hollywood,&nbsp;<em>High or Hell Water<\/em>&nbsp;atestigua lo mejor y peor de ese pa\u00eds hecho de cine. Como si el Lang de&nbsp;<em>You Only Live Once<\/em>&nbsp;siguiera conversando con el cine moderno, Mackenzie construye y desarma el clasicismo mientras recorre la historia protot\u00edpica del bandido generado por el propio sistema (la vieja tragedia de los hombres buenos en malos tiempos), con el capitalismo financiero en lugar de dios implacable. Otra historia de la violencia, pero ya sin final feliz ni atisbos de redenci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong><em>Why Don\u2019t You Play in Hell<\/em>?&nbsp;(Sion Sono, 2013)<\/strong><\/p>\n<p>Sion Sono viene construyendo la obra m\u00e1s libre del cine contempor\u00e1neo, pero lo que le ha permitido encontrar m\u00e1s fan\u00e1ticos entre cin\u00e9filos nocturnos que entre programadores diurnos es que su cine es pura felicidad, incluso cuando lo agridulce se vuelve tan violento como una comedia negra lo puede permitir. Como un Nietzsche adolescente, el cine de Sono es una oda al poder de la voluntad, y no teme entrar en el infierno si es con una c\u00e1mara en la mano. Todo eso aparece literalmente tematizado en&nbsp;<em>Why Don\u2019t You Play in Hell<\/em>?, una pel\u00edcula que podr\u00eda ir al espacio en una sonda, para temor y gracia de alguna raza extraterrestre que quiera entender porque la humanidad pudo exterminarse amando tanto la belleza.<\/p>\n<p><strong><em>I Don\u2019t Care If We Go Down In History as Barbarians<\/em>&nbsp;(Radu Jude, 2018)<\/strong><\/p>\n<p>El acaso menos festivalizable de los realizadores rumanos, Radu Jude, nos recuerda la lecci\u00f3n de Brecht: siempre hay humor (negro) en el distanciamiento. Aqu\u00ed los dardos van contra las iron\u00edas de la Historia cuando hay que contarla o representarla: Una obra de teatro es, por supuesto, el campo de batalla, y el cine juega sus armas para dejar su propio testimonio de tiempos de oscuridad disfrazados de farsa, en una Europa que no parece ya saber qu\u00e9 hacer con el (neo)nazismo.<\/p>\n<p><strong><em>Transit&nbsp;<\/em>(Christian Petzold, 2018)<\/strong><\/p>\n<p>Acaso la mejor pel\u00edcula Petzold (y de un cine alem\u00e1n que perdi\u00f3 el rumbo tras la muerte de Fassbinder), aquella en que su clasicismo experimental se convierte en un ejercicio depurado y definitivo, que puede evocar a&nbsp;<em>Casablanca<\/em>&nbsp;y Walter Benjamin a la vez. Petzold sabe que el pasado no pasa, que el mal y la indiferencia siguen ah\u00ed vistiendo ropas contempor\u00e1neas para proseguir sosteniendo la ley del m\u00e1s fuerte.&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>The Other Side of the Wind&nbsp;<\/em>(Orson Welles, \u00bf2018?)<\/strong><\/p>\n<p>La pel\u00edcula que hizo envejecer a&nbsp;<em>Once Upon a Time in Hollywood<\/em>&nbsp;antes de nacer, aunque algunos la consideren una obra maestra mientras fruncen las cejas frente a este fantasma wellesiano, que vuelve una vez m\u00e1s de la tumba para hacer la primera y \u00faltima pel\u00edcula del New Hollywood. Pero adem\u00e1s de cargarse a los j\u00f3venes viejos directores de los 70, al Antonioni americano y a la vieja tradici\u00f3n de directores duros de Hollywood, Welles dej\u00f3 esta capsula de tiempo que ni siquiera Netflix pudo deglutir. Una pel\u00edcula-testamento que est\u00e1 m\u00e1s viva que este cine del futuro que no sabe qu\u00e9 hacer con ella.&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>Le Livre d\u2019image<\/em>&nbsp;(Jean-Luc Godard, 2018)<\/strong><\/p>\n<p>El \u00faltimo de los modernos aparece cada tanto, como un fantasma que encarna la resistencia contra el esp\u00edritu del tiempo. Godard siempre est\u00e1 de vuelta, y ya ni siquiera aparece en sus propias pel\u00edculas m\u00e1s que como una voz, menos prof\u00e9tica que testimonial. El nonagenario cineasta sabe que encarna la memoria del cine, y se mezcla con sus im\u00e1genes como un viejo mago que se disuelve en ellas para seguir reapareciendo donde menos se lo espera. Aunque alguna vez tendremos que decir: El cine ha muerto, viva el cine.&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Nicol\u00e1s Prividera<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.conlosojosabiertos.com\/28500-2\/\">Publicado originalmente en \u2018Con los ojos abiertos\u2019<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para Ver 21 pel\u00edculas para el Siglo XXI Esta no es una lista de \u201cmejores\u201d pel\u00edculas, sino una selecci\u00f3n de algunas que el antologista propone como muestrario de una salida posible entre el siglo que no termina de morir y el que no acaba de nacer: la de un cine que a\u00fan pueda seguir aunando [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":6771,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[19],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/cordobadirecto.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6770"}],"collection":[{"href":"http:\/\/cordobadirecto.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/cordobadirecto.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/cordobadirecto.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/cordobadirecto.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6770"}],"version-history":[{"count":0,"href":"http:\/\/cordobadirecto.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6770\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/cordobadirecto.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6771"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/cordobadirecto.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6770"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/cordobadirecto.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6770"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/cordobadirecto.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6770"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}