El recrudecimiento del conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán ya tiene efectos concretos sobre la economía global y comienza a impactar en la Argentina. Aumento del precio del petróleo, suba abrupta de los fletes desde Asia y riesgo de retracción de inversiones desde los países del Golfo configuran un escenario de alta volatilidad, según coinciden Paulo Botta, director de la oficina de Trends Research & Advisory en América Latina y Rodolfo Luis Rosales, especialista en logística y comercio internacional.
“El conflicto activó mecanismos automáticos en los mercados internacionales”, advirtió Botta, al analizar las primeras consecuencias del nuevo escenario bélico. Por su parte, Rosales, experto en logística, puso el foco en los números concretos: “Se registra una suba aproximada de entre 57% y 70% respecto de la semana previa por contenedor desde China”.
Petróleo más caro y presión inflacionaria
Uno de los primeros reflejos del conflicto fue la suba de los principales marcadores de crudo. Según Botta, el Brent y el WTI registraron un incremento inmediato de unos 10 dólares por barril. “Es poco probable que el alza se detenga en el corto plazo, aun cuando la OPEP intente aumentar la producción”, explicó.
El problema no se limita al combustible. “El petróleo es un insumo transversal. Su encarecimiento genera presiones inflacionarias globales”, señaló. Además, recordó que, aunque el gas no tenga un precio internacional unificado, su cotización de referencia está estrechamente ligada al comportamiento del crudo.
En este contexto, la situación de Vaca Muerta aparece atravesada por una tensión estructural. Si el barril se estabiliza por encima de los 90 dólares, las empresas que operan bajo precios internacionales —como YPF— podrían beneficiarse en términos de exportación. Sin embargo, Botta advirtió que “el encarecimiento de los costos de producción y de los insumos importados puede neutralizar ese beneficio”, en una dinámica similar a la observada tras la guerra en Ucrania.
Rutas estratégicas bajo amenaza
El segundo eje crítico es logístico. El Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo comercializado a nivel mundial, volvió a ubicarse en el centro de la escena. A ello se suma la inestabilidad en el Mar Rojo, clave para la conexión entre el Mediterráneo y el Indo-Pacífico a través del Canal de Suez.
Botta destacó que Qatar —uno de los principales exportadores de gas natural licuado— anunció ceses temporales de producción, lo que impacta especialmente en Europa. “El gas catarí representa cerca del 40% del consumo energético del Reino Unido”, precisó.
La consecuencia directa es un aumento en los costos de transporte y, fundamentalmente, en las primas de seguro. “Los ataques y la inestabilidad encarecen los fletes hacia China y el Sudeste Asiático, afectando la competitividad de exportadores como Argentina”, explicó.
Córdoba y la dependencia china
En paralelo, Rosales detalló el impacto específico sobre las importaciones argentinas, con especial énfasis en Córdoba. “Entre el 85% y el 90% de las importaciones estratégicas de la provincia provienen de China”, afirmó.
El aumento por contenedor no solo encarece el transporte. En el sistema aduanero argentino, el flete integra la base imponible junto con el valor de la mercadería y el seguro. “Eso significa que el importador paga más por el transporte y también más impuestos sobre esa base inflada”, explicó.
Los sectores más vulnerables son el industrial y el tecnológico: maquinaria para modernizar parques fabriles, componentes electrónicos y accesorios de alto valor agregado. “En productos de consumo masivo el impacto no sería inmediato, pero en tecnología y equipamiento la reformulación de precios será rápida”, anticipó.
Inversiones en riesgo
El tercer vector señalado por Botta es financiero. Los países del Golfo, como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, atraviesan procesos de diversificación económica que requieren estabilidad regional.
“Si la infraestructura o la seguridad interna se ven amenazadas, los fondos soberanos podrían replegarse y reducir inversiones en el exterior”, advirtió. Para Argentina, eso implica un riesgo concreto en sectores como minería en el NOA, agroindustria en la región centro y biotecnología en Córdoba.
Botta subrayó además un obstáculo estructural: “Emiratos es el único país del Golfo con el que Argentina tiene un Acuerdo de Protección de Inversiones. Con Arabia Saudita solo existe un acuerdo de promoción, insuficiente en un contexto de alta incertidumbre”.
Escenario abierto
Ambos especialistas coinciden en que las próximas semanas serán determinantes. La duración del conflicto y la eventual estabilización política en Irán definirán si el actual shock es transitorio o estructural.
“El peor escenario para Argentina es una combinación de petróleo en máximos históricos y repliegue de los fondos del Golfo hacia sus propios territorios”, resumió Botta.
Para Rosales, el desafío inmediato es empresarial: “Cada importador deberá decidir si absorbe el sobrecosto o lo traslada al precio final. Esa decisión marcará el ritmo de la actividad industrial en los próximos meses”.
En un comercio internacional cada vez más atravesado por la geopolítica, la Argentina enfrenta un escenario en el que los costos ya no se explican solo por oferta y demanda, sino también por misiles, estrechos estratégicos y decisiones de seguridad nacional a miles de kilómetros de distancia.





































