Manfrey invierte US$ 2,5 M para completar su tambo robotizado y apunta a crecer en 2026

 

La cooperativa láctea Manfrey acelera su hoja de ruta hacia 2026 con una inversión de US$ 2,5 millones destinada a finalizar el segundo módulo de su tambo robotizado, una pieza clave dentro de su estrategia para ganar escala, reducir costos y consolidar su posicionamiento en el mercado interno y externo.

Luego de un 2024 marcado por una fuerte contracción del consumo —que implicó una caída del 16% respecto de 2023—, la empresa logró recuperar parte del terreno perdido durante 2025 y proyecta cerrar el año con una mejora del 9,5% en ventas frente al año anterior. Sin embargo, ese repunte aún no alcanza para volver a los niveles previos a la crisis.

La conducción de Manfrey, presidida por Ercole Felippa, sintetiza la estrategia con una definición clara: “La variable sobre la que podemos competir es el costo”. En un contexto de consumo todavía débil, la eficiencia productiva, logística y comercial se convierte en el principal diferencial para sostener precios competitivos en góndola sin resignar calidad.

En ese marco, la empresa fortaleció su red de centros de distribución en distintas provincias, optimizando procesos industriales y la denominada “última milla”. La lógica es directa: el precio funciona como puerta de entrada, pero la fidelización del consumidor depende de que la calidad acompañe.

Con fuerte presencia en el Centro y Norte del país —especialmente en Córdoba y Santiago del Estero, donde su participación supera ampliamente el promedio nacional—, la cooperativa comercializa una cartera diversificada que incluye leche en polvo, leche fluida, quesos, crema, dulce de leche, yogures y postres.

Más leche y más automatización

Para 2026, la compañía proyecta recibir 200 millones de litros de leche, lo que representaría un crecimiento del 4% respecto de 2025. El aumento de materia prima estará acompañado por un proceso de tecnificación industrial.

La finalización del segundo módulo del tambo robotizado —prevista para mayo o junio de 2026— permitirá migrar animales desde el sistema convencional hacia un esquema totalmente automatizado, elevando la productividad, la trazabilidad y la eficiencia operativa.

En paralelo, la empresa profundiza su estrategia exportadora. Actualmente destina entre el 10% y el 12% de su producción a mercados externos como Chile, Brasil, Paraguay, Bolivia y Estados Unidos —principalmente con dulce de leche—, además de Argelia y países de la costa oeste africana.

La combinación de mayor escala productiva, automatización y diversificación geográfica configura la base del plan 2026, en un escenario de recuperación gradual del consumo.

Consumo incipiente, presión impositiva y reformas estructurales

Desde la empresa advierten que el repunte del consumo masivo es aún “leve e incipiente”, condicionado por la pérdida acumulada de poder adquisitivo en los últimos años. La consolidación de la mejora, sostienen, dependerá de la estabilidad macroeconómica.

Uno de los principales cuestionamientos del sector lácteo se dirige a la estructura tributaria. Según detalla Felippa, de cada $100 que paga el consumidor por un producto lácteo, $40 corresponden a impuestos, distribuidos en partes iguales entre tributos nacionales y gravámenes provinciales y municipales. Para la cooperativa, esta presión impacta directamente en el precio final y limita la capacidad de dinamizar el consumo.

En materia laboral, la preocupación se centra en los costos no salariales y en la litigiosidad. Desde la conducción sostienen que el salario es solo una parte del costo laboral total y advierten sobre el crecimiento de los juicios laborales, incluso en contextos de baja siniestralidad. En ese sentido, respalda la necesidad de reformas estructurales que reduzcan la litigiosidad y permitan abordar el 40% de empleo informal existente, sin afectar derechos adquiridos.