
Unos de los terremotos que aún persiste en la memoria de los colombianos es el de 1999, que afectó al Eje Cafetero y destruyó la ciudad de Armenia.
En ese momento, viajé en un avión de la Fuerza Aérea de Chile que llevaba ayuda humanitaria a cubrir lo que pasaba en esa ciudad.
El panorama era devastador. Era como si hubiese caído una bomba. No había una sola construcción en pie.
En medio del caos, una familia sobreviviente, sentada a la entrada de la que era su casa, me llamó y me dijo “¿quiere un tintico?”. Aprendí que era una taza de café. Nunca me voy a olvidar de ese gesto, que refleja la solidaridad de los colombianos hasta en los peores momentos.
Con el terremoto de este lunes, volvieron a mi cabeza las imágenes que vi hace 27 años.
La tragedia actual en Colombia es devastadora, pero veo algo positivo entre las ruinas. Las fotos de hoy no se parecen a las de 1999.
No es que el sismo no afectara a Armenia, Pereira y Manizales. Sí, fueron golpeadas fuertemente y hay decenas de muertos allí.
Pero, pese a la tragedia, me da la impresión de que esas ciudades están mejor preparadas. Quiero pensar que aprendieron lecciones de esa dura experiencia.
Y que, así como los sobrevivientes se pusieron de pie en aquella ocasión, así se pondrán de pie una vez más.




















